Error
  • JLIB_APPLICATION_ERROR_COMPONENT_NOT_LOADING
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_content, 1
  • Error loading component: com_joomailermailchimpintegration, 1
  • Error loading component: com_content, 1

Cómo una mujer embarazada sobrevivió a un fallo hepático gracias al hígado de su feto.

En la foto que preside el texto vemos el amor más incondicional que se puede sentir en el mundo: el de una madre. Una madre que entre foto y foto mesa el pelo a un chico a la que la adolescencia no ha quitado la sensación de gratitud perpetua que todo hijo debería tener para con su madre cada día, cada hora, cada minuto y hasta cada segundo de su propia vida. Todos los vínculos maternofiliales son especiales pero este tiene un carácter extraordinario. Eva Pérez tuvo la oportunidad de dar vida a Fernando pero lo maravilloso de esta historia es que Fernando pudo devolverle el favor desde la misma tripa. Su pequeño hígado realizó la función hepática de ambos cuando, embarazada, el que habían trasplantado a Eva un año antes, comenzó a fallar. ¿Milagro? "En medicina 2 y 2 casi nunca son 4", le explicó el médico de Eva, Ángel Bernardos, fundador de la Unidad de Trasplante Hepático en el Hospital Virgen del Rocío, cuando ella puso punto final a una enfermedad que le había comido dos hígados y casi 20 años de vida. Este es el proceso de su Antígeno Australia positivo.


Cómo una mujer embarazada sobrevivió a un fallo hepático gracias al hígado de su feto.

En la foto que preside el texto vemos el amor más incondicional que se puede sentir en el mundo: el de una madre. Una madre que entre foto y foto mesa el pelo a un chico a la que la adolescencia no ha quitado la sensación de gratitud perpetua que todo hijo debería tener para con su madre cada día, cada hora, cada minuto y hasta cada segundo de su propia vida. Todos los vínculos maternofiliales son especiales pero este tiene un carácter extraordinario. Eva Pérez tuvo la oportunidad de dar vida a Fernando pero lo maravilloso de esta historia es que Fernando pudo devolverle el favor desde la misma tripa. Su pequeño hígado realizó la función hepática de ambos cuando, embarazada, el que habían trasplantado a Eva un año antes, comenzó a fallar. ¿Milagro? "En medicina 2 y 2 casi nunca son 4", le explicó el médico de Eva, Ángel Bernardos, fundador de la Unidad de Trasplante Hepático en el Hospital Virgen del Rocío, cuando ella puso punto final a una enfermedad que le había comido dos hígados y casi 20 años de vida. Este es el proceso de su Antígeno Australia positivo.

Eva es una mujer positiva, risueña y familiar. Quién no lo sería con su historia, ¿no? Ahora es la presidenta de la Federación Nacional de Enfermos y Trasplantados Hepáticos. Y su vida transcurre a caballo entre Sevilla y Madrid. La entrevistamos el día de su cumpleaños en su piso de Sevilla. Un piso con vistas privilegiadas del estadio Sánchez Pizjuán, para dolor de su bético hijo. Dos cosas llaman la atención del salón de Eva: su colección de arenas de playa de lugares tan diversos como Venezuela, Cuba o Canarias.

- ¿No te da miedo viajar en tu condición?, le pregunta Alberto, el fotógrafo.

- Ninguno..., hombre llevo siempre mi medicación y tengo cuidado, pero yo siempre digo que hay que disfrutar de la vida.

La otra son las innumerables fotos que tiene de los pilares de su familia en las estanterías, que rodean una televisión que hay que apagarla dos veces porque a la primera siempre se rebela. A Eva no hay quien la apaque, dos hígados y la ayuda del de su hijo le evitaron llegar "20 años antes a San Fernando", como ella habla del cementerio de Sevilla. De ahí que Fernando sea el que más fotografías atesora. El niño milagro. También hay fotos de su padre, al que tanto los médicos como sus propios hijos ocultaron la gravedad de la enfermedad de Eva hasta que llegó el primer trasplante. "No quería que sufriera más", dice sobre una persona que perdió a su mujer por hepatitis B cuando Eva tenía apenas tres años. "En mi casa decir hepatitis era peor que decir cáncer", subraya. Y, cómo no, de su madre quien, pese al poco tiempo que compartieron juntas, ocupa un lugar privilegiado en su memoria. Precisamente, esta medalla de la Virgen del Rocío perteneció a ella. Ahora es el amuleto de Eva.

El calvario de Eva comenzó a los 11 años cuando le diagnosticaron la hepatitis que mató a su madre. A partir de ahí se encontró a tres "ángeles", como ella les llama, que son los médicos que han llevado todo el proceso de su enfermedad. El primero le permitió vivir su infancia como una niña normal diciéndole que su virus "estaba dormido". Los otros dos le salvaron la vida con dos trasplantes hepáticos. El primero en el año 95, un año en que esa técnica aún no era muy conocida y a la que Eva, en un primer momento, llegó a decir que no, porque "no quería vivir lo que le quedara entubada". Pero todo fue tan bien que, un año después, Eva se quedaba embarazada para cumplir su sueño de ser madre. Sueño que se hubiera tornado en pesadilla si no llega a ser por el hígado de su feto. Porque ella, a pesar de estar en una situación hepática crítica, rechazó toda medicación que pudiera perjudicar a su hijo. "Él no había pedido nacer", cuenta.

Dos meses después de que naciera Fernando, y de que el hígado de su hijo la mantuviera con vida, Eva era trasplantada por segunda vez. Cuando le preguntamos por esa segunda recuperación, tras conocer que la primera fue fulgurante, Eva no puede sino encogerse de hombros y decir que no recuerda nada. La debilidad que le había dejado un hígado que ya no realizaba su función y el parto la sumieron en un estado tal que necesitó tres meses de ingreso hospitalario para abandonar el Hospital Virgen del Rocío. Dice que en ese proceso, en el que apenas tenía fuerza para sobrevivir, una foto la mantuvo en este mundo. La tomó su hermano cuando su sobrino y tocayo era apenas un recién nacido. Su Fernandito.

Sin duda la historia de Eva y Fernando es una historia de amor y solidaridad. De ese amor que sólo se tiene entre madre e hijo y de la solidaridad que, en todo el mundo, el pueblo español es el mayor exponente. Eva recibió dos hígados que han conseguido no solo que sobreviva, sino que mire su vida de otro modo. No hace planes a largo plazo porque sabe que tiene la "espada de Damocles encima" y cada mañana se despierta dispuesta a disfrutar sólo de estar viva y, para ello, "aparca sus miedos en la mesita de noche". Así fue y así es ahora Eva.

 

 


Leer noticia original 


email this page

NOTE! This site uses cookies and similar technologies.

If you not change browser settings, you agree to it. Learn more

I understand